jueves, 17 de agosto de 2017

Dos lobos

Un viejo indio decía a su nieto: "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión."

El nieto preguntó: "Abuelo, dime ¿cuál de los dos ganará la pelea en tu corazón?"

El abuelo contestó: "Aquel que yo alimente"

viernes, 5 de agosto de 2016

Las estaciones de la vida

Había una vez un hombre con cuatro hijos. Deseaba que sus hijos aprendieran a no juzgar las cosas a la ligera. Así que los envió a cada uno a una gran aventura, su objetivo: ir en búsqueda de un árbol, que se encontraba lejos a una gran distancia.
El 1º Hijo se fue en INVIERNO
El 2º Hijo se fue en PRIMAVERA
El 3º Hijo se fue en VERANO
El 4º Hijo se fue en OTOÑO

Cuando ellos regresaron, los mando a llamar y les preguntó que habian observado.
El 1º Hijo comentó que el árbol era horrible, doblado y torcido.
El 2º Hijo comentó que el árbol estaba cubierto de un hermoso follaje y flores.
El 3º Hijo estuvo en total desacuerdo. El comentó que el árbol estaba lleno de brotes florales, que desprendian un aroma dulce, fresco y hermoso. El árbol era la cosa mas hermosa que jamás había visto.
El 4º Hijo se encontraba en total desacuerdo con los anteriores. Comentó que el árbol estaba cargado de frutos, tan lleno de vida y esplendor...

Entonces el hombre explicó a los cuatro, que todos tenían la razón, porque cada uno de ellos había observado solamente una temporada en la vida de aquel árbol.

Les explicó que no se puede juzgar a nadie, solamente por una temporada de su vida. La esencia de las cosas y de quienes somos, así como los placeres, alegrías y el amor proveniente de la vida, solo puede ser medida al final, cuando todas las etapas de su vida se han reunido.

Si te das por vencido cuando es invierno, perderás las oportunidades de la Primavera, la belleza del Verano y las promesas del Otoño.

No dejes que el dolor de una temporada destruya el gozo de las demás. Y no juzgues la vida por una época difícil... Mantente firme en las dificultades, y mejores tiempos vendrán con plena seguridad.

La Felicidad te mantiene agradable,
los intentos te mantienen fuerte,
los sufrimientos te mantienen humano,
las derrotas te mantienen humilde,
los éxitos te mantienen en crecimiento
pero.... solo Dios te mantiene caminando.

sábado, 19 de diciembre de 2015

El cuarto Rey mago

Cuenta una leyenda rusa que fueron cuatro los Reyes Magos. Luego de haber visto la estrella en el oriente, partieron juntos llevando cada uno sus regalos de oro, incienso y mirra. El cuarto llevaba vino y aceite en gran cantidad, cargado todo en los lomos de sus burritos.
Luego de varios días de camino se internaron en el desierto. Una noche los sorprendió una tormenta.

Los gansos

Érase una vez un hombre que no creía en Dios. Su mujer, en cambio, era creyente a pesar de los comentarios de su marido. Una Nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponía a llevar a los hijos a la Misa de gallo. Le pidió al marido que los acompañara, pero él se negó y dijo: ¡Qué tonterías! ¿Por qué Dios se iba a rebajar a descender a la tierra adoptando la forma de hombre?

Las tres pipas

 Una vez un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente. Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad. El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo. El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol. Tardó una hora en terminar la pipa.

El águila y las gallinas

Un guerrero indio se encontró un huevo de águila, el cual recogió del suelo y colocó más tarde en el nido de una gallina. El resultado fue que el aguilucho se crió junto a los polluelos.
Así, creyéndose ella misma gallina, el águila se pasó la vida actuando como éstas. Rascaba la tierra en busca de semillas e insectos con los cuales alimentarse. Cacareaba y cloqueaba. Al volar, batía levemente las alas y agitaba escasamente su plumaje, de modo que apenas se elevaba un metro sobre el suelo. No le parecía anormal; así era como volaban las demás gallinas.

El vecino molesto

Una noche me despertó un ruido que se repetía sin cesar. Era mi vecino del piso de arriba que se paseaba  y sus pasos resonaban pesadamente sobre el techo. ¡Aquello era insoportable! ¡Cada vez estaba yo más nervioso!